Pirineo desconocido por Naila Jornet

Salimos de Ax-les-Thermes sin hablar demasiado, con legañas aún en los ojos. A los cinco minutos no quedaba nada de sueño, las pulsaciones al mismo ritmo que la pendiente. El primer puerto de la jornada era el “Col du Pradel”, una carreterita estrecha sin apenas tráfico y con rampas que te dejan con las piernas de piedra. De allí una bajada espectacular por una carretera estrecha dentro del espectacular “forêt des Sapins” llegamos a la Fajole, típico pueblo de montaña del sur de los Pirineos, la carretera para llegar a la “principal” sigue el río Rebenty. Nos cruzamos con dos ciclistas alemanes en la subida a Espezel, donde paramos para comer un plato de pasta con verduras. Habíamos entrado en territorio cátaro.

En el sur de Francia, especialmente en la región del Languedoc esta ideología tubo una gran acogida. En la actualidad aún se pueden ver las huellas del catarismo en una región donde la naturaleza prevalece y a la que podemos acceder por unas serpenteantes carreteras que se internan en profundos valles de exuberante vegetación. Y gobernándolo todo, encima de las montañas se erigen imponentes los castillos. Bajamos hasta Belestar para desviarnos hacia el siguiente puerto: Montsegur, donde llegamos a media tarde. No logramos comer nada más que un bocadillo rápido, antes de encontrar un prado con vistas al castillo donde instalarnos para dormir.

A partir del siglo XII en la zona de Occitania (sur de Francia) se extendió una creencia religiosa que se tachó de herética, llamada catarismo. Los cátaros, también llamados “buenos hombres” defendían la existencia de una dualidad creadora entre Dios que controlaba el mundo espiritual y Satán que había forjado el mundo material, defendían que esta realidad terrenal era una obra diabólica, ese rechazo al mundo material los enfrentó a la Iglesia papal y al sistema feudal del momento.

En 1209, el papa Inocencio III con la ayuda del rey de Francia y los nobles del norte iniciaron una cruzada que llevó a los cátaros a su exterminio. Uno de los últimos puntos de resistencia fue en el Castillo de Montsegur. Tras dos asedios, el ultimo de 10 meses, en 1244 fueron derrotaros y centenares de personas fueron quemados como represalia. Tras la derrota en Montsegur los cataros que habían sobrevivido a la cruzada emigraron hacia el sur cruzando los Pirineos hacia tierras catalanas donde fueron acogidos por algunos nobles catalanes

Nos despertamos con los primeros rayos del sol aunque esperamos a que empezara a calentarse la mañana antes de montarnos en las bicicletas. Un primer puerto (de la Lauze) de subida corta y bajada larga nos llevó a Saint Pau de Jerrat y de allí por una carretera más transitada hasta Tarascón. Era medio día y el sol picaba fuerte cuando empezó la subida al Col du Port, aunque en la bajada hacia Massat empezaron a caer las primeras gotas.

Dormimos en Massat en un rincón al abrigo en el camping municipal, la lluvia cayó toda la noche y al despertarnos una profunda niebla no nos dejaba ver a un palmo de distancia. La subida hacia el Col du Lers no nos dejó demasiadas vistas, aunque al cruzar hacia el otro valle el sol volvió a salir. Una larga bajada nos llevó de nuevo a Tarascón y de allí por la nacional llegamos de vuelta a Ax-Les-Thermes.

 

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