Hacía años que tenía en mente el Montsent de Pallars. Muchas veces había pedaleado por la pista que lo rodea pensando en coronar su cima algún día. No es una montaña especialmente alta, pero su posición, algo aislada de cumbres vecinas y justo en el límite sur del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, la convierte en una auténtica atalaya entre el Pirineo y el Prepirineo.

El plan parecía infalible y así fue: empezar la ruta en Llessuí, el núcleo principal del valle de Àssua, un pueblo con gran tradición ganadera gracias a unos pastos que parecen inacabables. Precisamente esos prados dieron pie en los años 60 a la construcción de una estación de esquí que, sin embargo, apenas sobrevivió un par de décadas. Hoy sus restos abandonados aún se distinguen en la montaña, formando parte de un paisaje tan curioso como innecesario, pero que, al fin y al cabo, forma parte de la historia de la montaña.

A media tarde inicio la ascensión, para evitar el calor y la solana del mes de agosto. El objetivo es ganar altura hasta acercarme a la base del Montsent, con la excusa perfecta de hacer vivac, contemplar las estrellas, disfrutar de una noche fresca y atacar la cima temprano al día siguiente.
Tras una subida en zigzag que ayuda a superar buena parte del desnivel, alcanzo una antigua estación intermedia de esquí. Es un lugar peculiar, a medio camino entre encantador y tétrico, pero que en caso de mal tiempo aún puede servir como refugio improvisado. Por suerte, la noche no defrauda: el cielo se muestra limpio, estrellado, y alguna que otra estrella fugaz rompe la oscuridad.

Al amanecer recojo el vivac y me pongo en marcha. En pocos kilómetros y con poco desnivel llego al Coll del Triador, uno de los grandes de la zona. Aquí toca dejar la bici y empezar a caminar. La subida, poco evidente al principio y nada evidente despues, se va inclinando vertiginosamente hasta alcanzar la cima. Una vez en los 2.883 metros del Montsent de Pallars, el esfuerzo se ve más que recompensado: una panorámica de 360º que invita a quedarse horas identificando las cumbres de esta zona del Pirineo.

Para no repetir el mismo recorrido de subida, la bajada la hago por la vertiente opuesta, siguiendo el Barranco de Entremonts. Al abrirse el barranco, un flanqueo por la falda de la montaña permite recuperar el pie de la ascensión a pie y reencontrar la bicicleta.
Desde el Coll del Triador, ya sólo queda seguir la pista que bordea la base del Montsent hasta dar con el desvío que lleva de regreso a Llessuí. Una larga y panorámica bajada, casi sin pedalear, que pone el broche perfecto a la ruta. Unir en una sola actividad el ciclismo, el montañismo y una noche a la intemperie es de esas experiencias que necesito repetir de vez en cuando para limpiar la mente, empaparme de montaña y recargar una buena sonrisa en la cara que durará unos cuantos días.

Os dejo aquí la ruta:




