Las matinales de invierno son, sin duda, una de las mejores experiencias, y si se disfrutan con buena compañía, mejor aún. El objetivo de este día era descubrir un rincón único y desconocido para mí hasta ese momento: el Portal de la Cunarda, en el extremo este de la Sierra de Guara. Se trata de un impresionante puente de roca natural formado por la erosión en el Barranco de Fornocal.

La ruta comienza en Bárcabo, en la antigua carretera que une Barbastro con Aínsa. Desde allí, tomamos una pista que, en pocos metros, nos proporciona el calor necesario para combatir el frío intenso de un febrero temprano. Tras recorrer unos 3 km, llegamos al mirador de Campo Royo, desde donde disfrutamos de una panorámica espectacular, recién nevada, del Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido.
Desde el mirador, seguimos una pista que transita por la parte alta de la sierra, descendiendo ligeramente hasta llegar al cruce de un sendero que nos llevará al Portal de la Cunarda. A unos 500 metros de allí, encontramos otro cruce de caminos. Decidimos no tomar el que nos lleva al Tozal de la Enclusa para no desviarnos de nuestro objetivo.

Pocos metros después del cruce, dejamos las bicicletas escondidas tras unos setos y continuamos a pie. El terreno no es adecuado para pedalear, y necesitamos regresar a este mismo punto para retomar la ruta en bicicleta.
Tras caminar solo un kilómetro, llegamos al majestuoso Portal de la Cunarda. Este puente de roca es un lugar para disfrutar en calma, bajo la atenta mirada de los cuervos que esperan que se nos caiga alguna migaja, y los buitres que comienzan a elevarse mientras el sol va calentando el aire de los barrancos.

El regreso hasta las bicicletas es rápido. Retrocedemos un poco hasta tomar la pista por la que hemos venido y la seguimos en dirección contraria unos kilómetros hasta encontrar un sendero que desciende hasta cruzar el Barranco de Fornocal, un poco por encima del portal. Seguimos el sendero vuelve a remontar hasta alcanzar la loma, que nos ofrece otra vez la vista de Bárcabo, donde nos espera otro sendero de bajada que nos lleva directamente a las puertas del pueblo.
Al final, el helado día de invierno nos brindó una ruta preciosa, no muy exigente, con unas vistas espectaculares sobre el nevado Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido, y nos permitió descubrir un rincón mágico y poco transitado de la Sierra de Guara.





