Las montañas de Naila – Isla Reunión – Parte 1
La isla de la Reunión es un trozo de Francia en medio del océano Índico, al este de Madagascar. Esta isla volcánica en la que las coladas de lava caen al mar rodeadas por frondosos y exuberantes bosques tropicales y las cascadas caen allí donde pongas los ojos tiene olor a vainilla. Árabes, portugueses, holandeses y finalmente franceses llegaron a la isla para ser estos últimos quienes acabaron colonizándola en 1642 y le dieron el nombre de île Bourbon, de allí que muchos de los productos de la isla tengan este nombre; como la vainilla o el café.
El contraste de paisajes entre el norte y el sur, el este y el oeste, el mar y la montaña no parece posible con las dimensiones de la isla. Dos parques nacionales, uno marino y otro terrestre, patrimonio mundial de la UNESCO protegen este territorio. En el norte el Pitón des Neiges es el punto culminante de la isla, y podría considerarse el más alto del océano Índico con sus 3070 metros de altitud. Se trata de un volcán inactivo de cincuenta quilómetros de diámetro. Es además el límite de tres impresionantes circos: el de Mafate al noroeste, el de Salazie al noreste y el de Cilaos al sur, consecuencia del hundimiento de tres cámaras magmáticas del antiguo volcán.
La subida al Pitón des Neiges puede hacerse desde varios puntos: desde Cilaos, desde Salazie o desde la Llanura des Cafres, cada uno de ellos con sus peculiaridades aunque todos ellos se juntan en su tramo final cerca de la cavada Dufour, un refugio guardado que permite hacer la ruta en dos días para poder ver el espectáculo del amanecer índico. Salimos de la Plaine des Cafres a la una de la madrugada, el cielo estaba completamente despejado. El tiempo de noche tiene otro ritmo y las distancias, las subidas, las bajadas, los tramos con fuertes acantilados a nuestros lados, los bosques, y las piedras no se nos grabaron en la memoria, por lo que la bajada, por el mismo camino fue como si pasáramos por primera vez por esos paisajes.
En el que llamamos la llanura de las estrellas el cielo empezó a taparse por una niebla húmeda y  cálida y un suave sirimiri empezó a calarnos. Llegamos al refugio Dufour cuando el alba despuntaba en el horizonte. Las nubes, no obstante, no nos dejaron disfrutar demasiado y volvieron a sumergirnos en la niebla. Anaïs puso la directa para hacer los últimos 600 metros de desnivel hasta la cima donde el cielo se despejó y pudimos entender porqué ver la salida del sol desde el Pitón des Neiges es una de las excursiones clásicas en la isla.
 

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