Costa Brava Bike Packing por Ciclocat

Este es un relato sobre qué se puede experimentar participando en la CBBP. Cuando organizamos una marcha -sea de un día o por etapas- hacemos un simulacro unas semanas antes para comprobar que todo está en orden y cuidar hasta el último detalle. Puesto que a veces, los pequeños detalles nos pueden arruinar un viaje que podría haber sido fantástico. En las siguientes líneas podréis conocer la ruta, como resolver la logística y otros temas que os puedan preocupar si estáis indecisos para inscribiros a este acontecimiento que será único en su especie.

La idea

La llegada del gravel y el interés creciente por la autosuficiencia ha hecho aumentar la demanda por el cicloturismo, pero, aun así, todavía hay algunas barreras que dificultan que llegue a un público todavía más extenso. Una de estas barreras es la oferta de alojamiento asequible y adecuado a los viajes en bicicleta.

Así que cuando tuve oportunidad de colaborar con el camping La Ballena Alegre surgió la propuesta de la Costa Brava Bike Packing. Diseñamos un acontecimiento donde el participante pudiera iniciarse al cicloturismo más autosuficiente (o parcialmente autosuficiente) de una manera segura, económica y en contacto con el medio.

Las etapas estarían planteadas en línea (no circulares), cosa que aportaría el valor de desplazarse por un territorio y avanzar con medios propios. A la vez, el inicio y el final de la ruta tendrían que contar con estaciones de tren, que servirían para cerrar la cadena logística.

Una de las estaciones que nos da acceso a la Costa Brava es Flaçà. La Costa Brava, por su relevo complica cualquier infraestructura terrestre, sean carreteras o ferrocarriles. Pero Flaçà, situada en la comarca del Gironès tocando en el Empordà, nos daba una situación bastante buena para hacer la aproximación. Las infraestructuras terrestres en la Costa Brava han sido históricamente difíciles, de hecho dicen que a finales del s XIX algunos habitantes de Cadaqués (hábiles marineros) habían estado varias veces en América, pero, en cambio, no habían estado nunca en la capital de provincia que es Girona.

Esta incomunicación atendido el relevo de la costa hace que esta ruta esté llena de rincones naturales a pesar de la gran presión turística que sufre. Al final, nosotros haciendo esta ruta también haremos el turista. El cicloturista concretamente. Acabaremos la ruta en Sils, que también tiene estación de tren y no dista mucho de la puerta de entrada a la Costa Brava: Blanes.

Etapa 1

 

Nos encontramos un viernes por la tarde -aprovechamos que los días son largos- en Sils (los dos venimos de más al Sur de la Costa Brava). Dejamos los coches en el aparcamiento de la estación y cogemos las bicis para subir al tren. En una media horita llegamos a Flaçà, desde donde empezamos la primera etapa.

Solo empezar nos encontramos la centenaria Central Eléctrica de Vinyals junto a una acequia que tiene sus orígenes en 1748. Una de las cosas que mola del cicloturismo es que circulas por vías que fueron principales y ahora han quedado obsoletas pero con poco tráfico de vehículos de motor. Y esto te permite descubrir maravillas como esta acequia, molino y central eléctrica.

Más adelante atravesamos el Ter (el río más importante de la zona) por un vado que se llega a sumergir cuando hay lluvias intensas. El paso por Sobrànigues es como retroceder en el tiempo varios siglos. Nos causa sorpresa cómo se puede llevar una vida “moderna” en un entorno prácticamente medieval, y es que la ruta nos llevará más adelante por otros núcleos históricos que podrían ser perfectamente escenario de películas épicas históricas.

Gaüses, Camallera, Vilaür, Vila-robáis, Sant Mori… vamos enlazando pueblecitos atravesando campos por carreteras con poquísimo tráfico. La etapa es plana con predominio de asfalto y secciones de tierra que están en bastante buen estado.

Llegamos al río Fluvià y transitamos por el dique que protege los campos de las inundaciones. El camino es ahora bastante directo hacia Sant Pere Pescador y es justamente allá donde enlazamos con un tramo de la ruta Pirinexus, que a la vez forma parte de la EuroVelo8.

Utilizaremos la carretera de la playa, muy frecuentada por ciclistas que están alojados en los campings, para acceder a nuestra querida La Ballena Alegre. Un camping de los históricos, inicialmente situado en Viladecans se tuvo que trasladar por una ampliación del aeropuerto de Barcelona. Desde hace unos años disfruta de más espacio en Sant Pere Pescador.

La etapa no ha sido difícil, solo unos 34 kilómetros con menos de 300 mda que nos dejan energías para afrontar la etapa reina el día siguiente. Es hora de montar las tiendas, hinchar el colchón, cargar baterías de móvil y GPS y disfrutar de una reconfortante ducha.

Etapa 2

Nos levantamos a las 7:30. En los meses de primavera y verano a veces merece la pena hacer el trayecto partido entre mañana y tarde, y esta es la estrategia que hemos elegido. Almorzamos en el bar del camping, empaquetamos y enfilamos la carretera de la playa otra vez continuando hacia el Sur.

En poco volvemos a enlazar con la EuroVelo8, esta vez transitamos por un carril bici “paradisíaco” que pasa por los restos de la colonia greco-romana de Ampurias. Pone la piel de gallina pensar que aquello lleva más de dos milenios allá. Si piensas que esta ruta en bici es larga, ¡imagínate para los griegos que llegaron aquí!

Siempre es de agradecer que las rutas cicloturistas tengan puntos de interés, sean históricos o de otro tipo, dan un aliciente al esfuerzo y nos hace pensar que la razón es la ruta en si, no el destino.

Pasamos por fuera de l’Escala y atravesamos Bellcaire d’Empordà, donde podemos ver la influencia de la cultura ciclista en Girona, evidenciada con cafés de temática ciclista que son agentes aglutinadores de practicantes. Lugares de encuentro o de paso que son paradas casi obligatorias.

Más adelante volvemos a encontrar el Ter, a la altura de Torroella de Montgrí (hemos estado dando la vuelta al Montgrí estos últimos kilómetros). Gualta, Fontanilles, Palau-sator, vamos enlazando pueblos y pueblecitos por pistas muy fáciles de rodar… si no hay viento! Es fácil encontrar agua, por ejemplo en Torrent, la fuente está en una plaza al pie de la ruta. Consejo: fijaos cuando atravesamos una población. Normalmente, en las plazoletas, si hay columpios para niños habrá una fuente con agua potable. Pensad que el agua pesa bastante y que en un entorno como este no es muy difícil encontrarla.

Los que hace unos años que nos movemos en bici por estas comarcas, podemos constatar que realmente el cicloturismo está creciendo. Hace unos veinte o incluso diez años, no es que no hubiera cicloturismo, es que había mucho menos. Recuerdo hacer esta misma etapa y no cruzarme con ningún ciclista. Ahora me puedo cruzar -cordialmente y saludando- con dos docenas.

Entre Palafrugell y Palamós la ruta aprovecha el antiguo trazado del Tren Petit. Testigo de la edad de oro del transporte por ferrocarril. Ahora se ha convertido en un eje de movilidad ciclista importantísimo por el Baix Empordà.

En el tramo entre Palamós y Sant Feliu de Guíxols encontramos numerosas opciones para comer y coger fuerzas. Nos ahorraremos pedalear durante las horas en que el sol pica más fuerte, descasaremos y reposaremos energías, que nos harán falta de cara a lo que viene a continuación.

Y más vale haber digerido bien la comida, porque saliendo de Sant Feliu de Guíxols habremos hecho frente a un pequeño puerto. La carretera GI-682, conocida coloquialmente por “La carretera de Tossa en Sant Feliu” es una de las carreteras más espectaculares de la Costa Brava. A menudo recorrida en coche, moto o autocaravana por turistas, ahora es también muy utilizada por ciclistas. Siempre ha estado muy usada por ciclistas, pero sobre todo desde que hay la autovía de Vidreres en Sant Feliu, ya no hay necesidad de circular a raíz de la costa si tienes prisa. Además, los bañistas más osados empiezan “expediciones” desde cualquier explanada donde quepa un coche para acceder a las calas más recónditas. Todo ello hace que esta carretera nos ofrezca un paseo tranquilo con unas vistas de postal. Sea como fuere, no podemos evitar que la carretera gane altura nos los cabos y pierda a las calas. Pero ya sabemos que para llegar a lugares excepcionales se tiene que sufrir un poquito, ¡nos lo tenemos que ganar!

Y así es como llegamos al Camping Cala Pola, situado en la cala de donde toma el nombre, con una pequeña playa de cala prácticamente privada y un bar exclusivo. Acampar aquí es un lujo para los sentidos. Las parcelas que hemos usado son pequeñas, aisladas y tranquilas. Justamente lo que necesitábamos para descansar después de esta larga segunda etapa.

Repetimos la rutina de camping: tienda, ducha y a dormir. El día de la Costa Brava Bike Packing habrá algo más de fiesta, pero cuando hacemos los reconocimientos del terreno, de fiesta la justa y basta.

Han sido unos 80 kilómetros con poco más de 700 de desnivel acumulado, repartidos en tirada por la mañana y tirada por la tarde que han sido asequibles si no tienes viento de Sur ni prisa.

Etapa 3

Nos levantamos viendo como sale el sol del mar y poco a poco va iluminando la Cala Pola. Bien es cierto que nos apetece hacer un poco el mandroso y nos cuesta marchar del camping -estábamos tan bien!-.

Pillamos la carretera de Tossa y la acabamos de hacer. Estamos de hecho solo en una cala de llegar a Tossa. Allá la ruta no continuará a ras de la costa. La carretera que nos llevaría a Lloret de Mar ya es más transitada y no es tan guapa como la anterior. Así que la ruta nos lleva por el camino viejo, es decir, por el camino de Can Samada y más tarde por la riera de Can Sota. Esto hace que, una vez superado el Coll de sa Palomera (149 m) ya tengamos todo bajada hasta Lloret de Mar.

Una vez en Lloret, inevitablemente la ruta tiene que apartarse de la costa y esto implica superar o bien el macizo de Cadiretes o bien el Montbarbat. Elegimos el Montbarbat porque es mucho más asequible. Y cuando hagáis la etapa me diréis: ¡te has pasado! Y yo os diré: ¡porque no sabéis cómo era la otra opción!

Realmente Lloret está rodeado de montañas, no muy altas, pero las pistas forestales trazadas tienen puntos con fuertes pendientes. Además el sablón no ayuda mucho a tener adherencia y especialmente cuando está seco resbala como una mala cosa.

Tiramos por algunas calles de urbanización (si chico, tienen sombras y el asfalto a veces se agradece después de tanto sablón) para finalmente llegar a Vidreres. Aquí volvemos a enganchar con la EuroVelo8 que nos lleva directos a Sils, donde encontramos los coches y cerramos el círculo.

Esta última etapa han sido algo más de 40 kilómetros con casi 800 metros acumulados, pero acabar de cerrar el círculo te hace revivir. Hemos sufrido un poco por el sol, que nos ha enganchado justamente haciendo las pendientes más pronunciadas, pero es una parte pequeña comparada con la longitud de toda la etapa. Podríamos haber salido más temprano o partirla como el día anterior.

Conclusión

La experiencia ha sido muy buena. Comparado con otras rutas que hemos hecho se podría considerar fácil. Los kilometrajes y los desniveles no son excesivos para una persona que está en forma -o en media forma y tiene todo el día para hacer la etapa-.

El hecho de tener los alojamientos atados es una gran ventaja y te permite olvidarte de muchas preocupaciones (recuerdo rutas donde tenía que deambular para encontrar alojamiento y desgasta bastante la verdad). También el hecho de atravesar poblaciones turísticas facilita los avituallamientos y nos permitió viajar con menos peso (sí, cicloturismo de tarjeta, lo sé).

La infraestructura es una maravilla comparada con una o dos décadas antes y realmente se respira un ambiente ciclista que hace que no te sientas cómo el “rarito” entre los turistas.

Finalmente, los paisajes son espectaculares, ¿qué tenemos que decir de la Costa Brava?

La Costa Brava Bike Packing es un acontecimiento ideal para iniciarse en el mundo del cicloturismo de autosuficiencia o semi-autosuficiencia, pudiendo hacer una ruta en línea cerrada por el tren.

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