Rural Cycling Bikepacking

Hace poco leí un libro sobre kayak que me dejó reflexionando profundamente. Uno de sus mensajes principales era la necesidad de construir una comunidad sólida donde compartir conocimientos y experiencias. Esta red de aficionados no solo permitiría a todos aprender y mejorar, sino que también sentaría las bases para una práctica del deporte más segura, consciente y enriquecedora.

El autor insistía en la importancia de organizar encuentros en los que los participantes pudieran entrenar juntos, intercambiar vivencias y compartir consejos prácticos. Incluso proponía jornadas temáticas centradas en aspectos fundamentales como la seguridad, las técnicas de navegación o los métodos de autosuficiencia. Estas actividades serían una magnífica oportunidad para que tanto principiantes como veteranos coincidieran, colaboraran y crecieran como grupo, fomentando una comunidad más fuerte y cohesionada.

Con esa idea aún fresca en la cabeza, hace unos días me animé —o más bien me convencieron— a participar en una ruta circular de dos días de Bikepacking, organizada por el Club Esportiu Castelldans en la comarca de Les Garrigues, Lleida. Un par de días antes del inicio, tuvimos una reunión online donde se presentaron los aspectos logísticos típicos: distancia, desnivel, puntos clave, etc. Pero lo que realmente me sorprendió fue el enfoque inclusivo de la organización: prestaron especial atención a quienes iban a vivir su primera experiencia en Bikepacking en modo autosuficiente, sin dejar de lado a los más experimentados.

Ese gesto me hizo pensar inmediatamente en el libro sobre kayak y en la importancia de crear espacios seguros y formativos dentro del deporte. Generalmente, se da por hecho que quienes se apuntan a una ruta de Bikepacking ya cuentan con cierta experiencia en autosuficiencia: saber organizar el material, gestionar el agua y la comida, elegir dónde dormir, regular el esfuerzo físico, mantener el ánimo y afrontar imprevistos. Sin embargo, este evento rompía esa barrera y daba la bienvenida a todo el mundo, sin importar su nivel previo.

El 22 de marzo, a las 9 de la mañana, nos reunimos frente al ayuntamiento de Castelldans. Éramos algo más de quince ciclistas: algunos viejos conocidos, otros conocidos de vista y muchos completamente nuevos. El grupo era heterogéneo y eso lo hacía especial: había auténticos veteranos del Bikepacking y también quienes, aunque curtidos en kilómetros, se enfrentaban a su primera ruta en autosuficiencia. Todos compartían una misma expresión: una sonrisa nerviosa mezclada con ilusión y curiosidad.

La ruta arrancó hacia el oeste, con parada obligada en el pantano de Utxesa y en el Balcón de Carrassumada, desde donde continuamos hasta los pies de la majestuosa Seu Vella de Lleida, siguiendo el curso del río Segre. Durante la mañana rodamos en pequeños grupos, pero en Alcolatge nos agrupamos espontáneamente para hacer una parada técnica y tomar algo, ocupando la terraza del primer bar abierto que encontramos.

A partir de ahí, atravesamos la Plana de Lleida, siguiendo canales y acequias, hasta alcanzar el Estany d’Ivars, pasando por el colorido pueblo de Penelles y la panorámica Talaia del Pilar de Almenara. Desde este último punto ya se divisaba el objetivo del día: Tàrrega.

La organización había preparado una sencilla pero funcional “Base de Vida” donde pasar la noche: una sala con suelo, paredes y techo, más que suficiente para colocar una esterilla y descansar tras la jornada.

La gran sorpresa fue la barbacoa que nos tenían preparada para cenar, regada con cervezas artesanas que uno de los participantes —cervecero aficionado— había traído consigo. Para redondear la velada, y en colaboración con la organización, ofrecí una pequeña charla sobre una de mis últimas rutas combinadas de bici y kayak por Islandia, con el objetivo de mostrar la diversidad que ofrece el mundo del Bikepacking.

La mañana del domingo amaneció… pasada por agua. La lluvia no dio tregua durante más de cuatro horas, lo que obligó a la organización a tomar la difícil pero acertada decisión de cancelar la segunda etapa y regresar a Castelldans por carretera. Las condiciones del terreno hacían inviable continuar con seguridad. Así es la primavera: imprevisible y caprichosa.

A veces, los planes no salen como uno esperaba. Pero si algo aprendí de este fin de semana es que lo importante no es solo la ruta en sí, sino todo lo que sucede a su alrededor. El día anterior disfrutamos de un trazado magnífico, descubrimos paisajes nuevos, compartimos buenos momentos y conectamos con gente con las mismas ganas de disfrutar del ciclismo y la naturaleza. La noche fue especial, y aunque acabamos rendidos en nuestros sacos, el ambiente había sido inmejorable.

Y lo mejor de todo: ya tenemos excusa para volver el año que viene y completar esa segunda jornada que nos quedó pendiente. Dicen que valdrá mucho la pena… y les creo.

Quiero felicitar al Club Esportiu Castelldans por su impecable organización y agradecer el esfuerzo que dedican, al igual que muchos otros clubes, para promover el ciclismo en todas sus formas. Iniciativas como esta hacen comunidad, inspiran, educan y suman.

Con su permiso, comparto aquí el enlace a la ruta completa del Rural Cycling Bikepacking 2025:

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