Bikepacking por Cerdeña

Esta Semana Santa nos propusimos dar la vuelta a la isla italiana de Cerdeña en bicicleta de carretera. Hacía tiempo que queríamos rodear una isla italiana y por los días que teníamos Cerdeña encajaba a la perfección. El primer paso para organizar todo fue ajustar la ruta a los días que disponíamos pues, en esta ocasión, venía condicionado por los horarios del ferry. Teníamos que salir de Barcelona dirección Porto Torres el viernes por la noche y volver el sábado siguiente por la mañana. Así pues, teníamos un total de siete días para dar la vuelta a la isla con el objetivo de seguir la ruta más externa posible.

Como nuestros días estaban contados, optamos por un viaje ligero de bikepacking, alojándonos en hostales y Airbnb para no tener que cargar con todo nuestro equipo de acampada y porque, a decir verdad, quisimos priorizar un poco la comodidad y así poder “descansar” bien durante las vacaciones.

Con todo listo, el viernes por la noche nos dirigimos al puerto de Barcelona para embarcar. La salida del ferry sufrió varios retrasos y finalmente embarcamos de madrugada, alrededor de las 5 de la mañana. Las bicicletas fueron las últimas en subir al barco, lo que nos obligó a esperar bastante tiempo al aire libre. Entre el retraso y el mal estado del mar, acabamos llegando a Porto Torres a las 9 de la noche (8 horas más tarde de lo previsto). En vista de que era de noche y que ya no podríamos pedalear, acabamos recorriendo los 45 km que teníamos previstos hacer en bicicleta, en autostop.

Así empezaba nuestra aventura. Primera etapa de Porto Torres a la Ciaccia, en coche. El resto de las etapas cuadraron a la perfección y aquí os dejamos la tabla resumen de cada una de ellas, por si alguien se quiere inspirar:

El domingo nos pusimos en marcha recorriendo carreteras bastante secundarias en dirección a Olbia. A unos pocos kilómetros de esta localidad, nos desviamos de las indicaciones en dirección a San Teodoro, en la costa este de la isla. Esta etapa y la siguiente tenían bastante desnivel, pero resultaron muy agradables de hacer puesto que todas las subidas eran muy llevaderas, sin rampas exageradas.

La segunda etapa transcurrió por tranquilas carreteras sardas casi sin tráfico, pasando por pueblos como Budoni, Posada y Siniscola, entre paisajes mediterráneos y rincones llenos de autenticidad. Lajornada fue exigente, con 1900 metros de desnivel acumulado y un largo puerto de montaña que nos llevó hasta el Paso di Genna, a 1017 metros de altitud. Desde allí, se puede visitar el cañón de

Gorropu haciendo una buena caminata, que dicen que merece mucho la pena. Nosotras con el pedaleo y el desnivel, tuvimos más que suficiente. Al día siguiente, partimos de Urzulei hacia San Vito. Lo que parecía una etapa fácil se transformó rápidamente cuando una fuerte tormenta, acompañada de lluvia, viento y granizo, nos sorprendió en plena carretera de montaña. Tras unos kilómetros intensos bajo el temporal, el tiempo cambió por completo y el sol volvió a aparecer, permitiéndonos disfrutar de carreteras vacías, paisajes espectaculares y un viento favorable. Después de pasar por varios pequeños pueblos y completar la ruta, llegamos a San Vito, donde descansamos en un acogedor apartamento. La etapa terminó de la mejor manera posible: con una inesperada invitación del dueño de la casa para compartir queso, vino y embutidos locales!

La cuarta etapa recorrió longitudinalmente toda la parte sur de la isla, llevándonos muy cerca de Cagliari, la capital. Este tramo de la ruta fue el menos atractivo y en el que nos sentimos más incómodas mientras pedaleábamos. Nos habían advertido mucho sobre la conducción agresiva en Cerdeña, y la verdad es que no exageraban. La mayoría de los coches adelantan con o sin línea discontinua, sin reducir mucho la velocidad y muy cerca de ciclistas. No obstante, pudimos evitar gran parte del bullicio atravesando pequeños pueblos que hicieron más ameno el pedaleo alejado de las grandes carreteras.

La quinta etapa fue especialmente dura y marcada por el viento que nos acompañó de cara o de lado durante prácticamente todo el día. A pesar de que las carreteras eran tranquilas y con poco tráfico, el viento y algunos tramos de gravilla hicieron el recorrido más duro de lo previsto.

La última etapa de la ruta comenzó con 8 km de puerto. El recorrido hasta Alghero (unos 80 km) fue el tramo más exigente, acumulando gran parte del desnivel del día (unos 1.300 m), aunque con puertos suaves, paisajes muy variados y vistas al mar que hicieron la etapa especialmente bonita. Tras una parada en el centro histórico de Alghero, conocido por su herencia catalana, continuamos los últimos 40 km del día y de nuestras vacaciones hasta Porto Torres.

Y , aunque hubo viento, algo de lluvia, algunas carreteras incómodas y ferries que parecían no querer salir nunca, Cerdeña nos regaló exactamente lo que buscábamos: días largos de pedaleo, paisajes cambiantes, pueblos tranquilos, carreteras solitarias junto al mar y esa sensación de libertad que solo aparece cuando viajas en bicicleta.

Dar la vuelta a la isla fue mucho más que completar una ruta; fue aprender a adaptarnos constantemente, disfrutar de lo inesperado y descubrir una Cerdeña auténtica, lejos de las postales más turísticas. Porque al final son precisamente esos imprevistos (el autostop nocturno, la tormenta en mitad de la montaña o la copa de vino compartida al final de una etapa dura) los que terminan convirtiéndose en los mejores recuerdos del viaje.

Seis días, más de 700 kilómetros y un montón de momentos que ya forman parte de nosotras. Y sí, sin duda volveríamos a irnos hoy mismo.

 

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