Sputnik 125 m, 7a+ (6c/A1 oblig.): primera repetición en libre y a vista en la Roca Alta, Vilanova de Meià.

Un día de septiembre de 2025,  quedo en Àger con mi amigo polaco Yeti para escalar un par de días en una de las paredes más icónicas de Cataluña: Montrebei. La previsión anuncia poca lluvia, lo justo para refrescar una roca que, incluso en esta época del año, sigue recibiendo mucho sol.

Después de cenar juntos en su caravana, salgo a dormir fuera, de vivac. El cielo está completamente cubierto. A mitad de la noche, la lluvia empieza a caer con fuerza y no cesa hasta bien entrada la mañana. Acabo refugiándome en su vehículo, dándole vueltas a lo intransitable que puede llegar a estar la pista de acceso.

Cuando vuelvo a despertar, todo está empapado, no ha parado de llover en toda la noche. Subir a la pared prevista no es una opción, así que, mientras desayunamos, busco alternativas más cortas y soleadas. Surge una idea: Roca Alta en Vilanova de Meià.

Este invierno he escalado varias vías allí, y me quedé con ganas de probar Sputnik, una ruta que ha tenido una transformación muy interesante. Se lo propongo a Yeti, que acepta sin dudar. Le explico que es una vía de trad, aún sin encadenar en libre, y que podríamos intentar la primera repetición en ese estilo. Hay algo en su actitud que me resulta muy familiar: los escaladores polacos tienen esa manera de enfrentarse a todo, sin reservas.

Nos organizamos rápido y ponemos rumbo a Vilanova de Meià. Al llegar, la roca sigue mojada, pero el sol empieza a abrirse paso. Hacemos una parada para tomar un café en el bar Cirera, un lugar donde parece que el tiempo se ha detenido. Después subimos a la ermita de Sant Cristòfol, disfrutamos de las vistas, comemos algo y continuamos hasta el pie de vía.

Desde el aparcamiento ya se intuye el desafío: el último largo está completamente empapado, y es precisamente el más difícil. Aun así, hay que intentarlo.

Llegamos a pie de pared. El día es perfecto: sol y un viento frío que equilibra la temperatura. Empieza mi compañero con el primer largo, algo roto al inicio y luego sinuoso, dibujando una S que conduce hasta una repisa cómoda.

El segundo largo arranca recto y se desplaza hacia la derecha bordeando unos techos. Es desplomado y exigente: un lance sobre roca dudosa y, después, la salida por encima del desplome. Todo es autoprotección. Un largo brillante. Se rompe algún canto, pero consigo encadenarlo.

El tercer largo avanza ligeramente hacia la izquierda. Yeti encuentra un clavo que no aparece en la reseña. Luego continúa recto, chapando un tascón y la punta de un pitón antes de una salida fina y obligada sobre regletas. La resuelve con solvencia, aunque la roca vuelve a recordar que aquí el tiempo también deja huella.

El cuarto largo es el decisivo. Con movimientos muy finos supero la sección más lisa y alcanzo el primer pitón. El puente de roca ha desaparecido. Más arriba, la pared se vuelve gris y está completamente mojada. Sin embargo, a la derecha aparece una línea seca. Es la única. Los cantos están ahí. Imposible no pensar en un pequeño milagro. Sigo esa línea y alcanzo la reunión. Sale a vista, apretando el doble en cada presa húmeda.

De todas las vías de Vilanova, puede que me quede con esta. Aunque fue abierta en artificial y posteriormente adaptada al libre, mantiene un carácter excepcionalmente puro. En una zona donde muchas líneas siguen trazados más directos, aquí la lógica de la autoprotección y las formas naturales de la roca marcan el recorrido. La graduación puede parecer amable, pero exige intuición y compromiso.

Sputnik fue abierta en marzo de 2003 por Manu Velasco y Albert Salvadó en artificial, con un grado de 6c obligado. En marzo de 2017, aún sin repeticiones, Ester Sabadell y Albert Salvadó regresan para reinventarla: retiraron pitones innecesarios, dejaron los imprescindibles y equiparon las reuniones. Ellos mismos, aun sin encadenarla, propusieron una dificultad en libre, abriendo la puerta a futuras ascensiones.

Guille Cuadrado

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