Salir en bicicleta, ya sea de montaña o de carretera, supone pasar varias horas manteniendo una misma posición corporal. Esa postura repetida puede generar adaptaciones y tensiones musculoesqueléticas que, con el tiempo, afectan tanto al rendimiento como al confort del ciclista.

Uno de los puntos más comprometidos son los hombros, que tienden a permanecer en rotación interna debido a la postura aerodinámica y al agarre constante del manillar. Esto provoca una activación sostenida de los músculos pectorales y, al mismo tiempo, una inhibición de los músculos posteriores del hombro (rotadores externos y retractores escapulares).
La columna torácica también se ve afectada: suele colocarse en cifosis (curvatura exagerada hacia adelante) porque la espalda se mantiene flexionada y los omóplatos en protracción. Esta posición, mantenida durante largos periodos, puede reducir la movilidad del tórax y aumentar la rigidez en la zona media de la espalda.

Si no se compensa, estas adaptaciones terminan generando desequilibrios musculares, molestias y fatiga. Por eso es fundamental incluir en la rutina del ciclista:
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Estiramientos que contrarresten la rigidez de pectorales y columna.
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Ejercicios de activación escapular, para despertar la musculatura olvidada.
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Fortalecimiento de la zona posterior del tronco y cuello, clave para una postura más equilibrada y sostenible.

En el próximo artículo compartiremos una selección de ejercicios prácticos para aplicar desde el primer día y mejorar tanto tu postura como tu comodidad sobre la bicicleta.



