Vuelta a la Sierra de Gisclareny

Cuando la montaña llama, y más en verano, conviene tomárselo con calma y salir temprano: así, los primeros kilómetros —que suelen ser de subida— se llevan bastante mejor.

Bagà, villa medieval con restos de muralla y una preciosa plaza porxada, fue un núcleo de gran influencia en la Edad Media. Aquí empieza nuestra ruta, siguiendo otro de los atractivos de la zona: la Vía Verde del Nicolau. Se trata de un antiguo recorrido de vagonetas de unos 3 km, utilizado a principios del siglo XX para la extracción de madera de los bosques. Hoy nos regala un itinerario muy atractivo, con pequeños túneles, una vagoneta a modo de recuerdo y un puente colgante de más de 30 metros que pondrá a prueba nuestra tenacidad.

Desde allí tomamos la pista que asciende hacia el Coll de la Bena, siempre a la sombra de los bosques de la falda norte de la Sierra de Gisclareny. Al llegar, nos encontramos con un espacio abierto de pequeños prados y una fuente escondida a pocos metros. Frente a nosotros se alza la majestuosa Serra d’Ensija, una silueta inconfundible que ya recorrimos en bici hace unos años.

Tras un breve descanso, continuamos en ligero descenso hasta Gisclareny, más que un pueblo, un conjunto de masías dispersas de origen medieval. Allí merece la pena detenerse un momento: de repente, sin previo aviso, aparece el gigante del valle, el Pedraforca, que nos acompañará con su presencia imponente durante buena parte del recorrido.

Seguimos por la carretera principal y, al poco rato, tomamos un desvío hacia la Collada de Turbians. Antes, hacemos una parada en el Mirador Albert Arilla, desde donde se disfruta de una panorámica perfecta de las dos cimas del Pedraforca.

Desde la Collada nos adentramos en un sendero entretenido, no demasiado difícil pero que pondrá a prueba nuestras habilidades. En el camino nos topamos con las ruinas de la Masía de Rocadecans y seguimos afinando el equilibrio hasta llegar a una bajada donde los frenos tienen su protagonismo, antes de conectar con la pista que nos devuelve a Bagà. Eso sí, aún queda un último tramo de sendero —opcional, para quien prefiera evitarlo— que añade un punto extra de diversión.

Finalmente, cerramos la ruta con un paseo tranquilo por el Bagà medieval, descubriendo sus rincones más emblemáticos antes de dar por terminada esta vuelta a la Sierra de Gisclareny.

Al final, ni tan mal: una ruta de montaña para cargar las pilas, disfrutar de un mirador natural donde gozar de la vista de viejos conocidos como el Pedraforca, la Serra d’Ensija o Vallcebre… y terminar con la sensación de haber vivido una jornada que deja una sonrisa de oreja a oreja.

Compartir:

Facebook
Twitter
Pinterest
LinkedIn

Relacionado