Collada de Toses

Como casi cada año el agosto me pilla en la ciudad, esto hace que al llegar el fin de semana busque una escapada a zonas más frescas para darle un respiro al cuerpo, y el pirineo suele ser un destino certero para refrescarse un poco. Semanas atrás recorrí en coche la mítica Collada de Toses. Cuando yo era pequeño era un paso obligado para acceder a la Cerdaña viniendo de las comarcas de Girona o Barcelona. Forma parte de la N-260, la carretera nacional que une Portbou con Sabiñanigo, también conocida como Eje Pirenaico.

Una asociación rápida de ideas me llevo tomar como objetivo la ascensión a este paso, es una parte del pirineo cerca de casa, nunca había ascendido este puerto en bici y su punto más alto está a casi 1800 m de altura, cosa que me aseguraba temperaturas algo más soportables en plena ola de calor i unas vistas espectaculares a banda y banda del pre-pirineo catalán oriental.

Saliendo de Campdevanol a primera hora de la mañana antes que la temperatura empiece a ascender en el fondo del valle, a los 10 km se llega a Ribes de Freser, donde acaba el calentamiento y un cruasán de chocolate recién hecho le da la bienvenida al inicio del puerto. A partir de aquí, 24 km de ascenso a una media del 3.5%.

Poco a poco se va ganando altura desde las profundidades del valle, remontando orientada al sur que augura una buena soleada antes de culminar el puerto. A Planoles se llega bien, la sombra de los arboles lindantes a la carretera se agradece, en pocos kilómetros la carretera quedará totalmente expuesta al sol. Pasado Planés la carretera se pacifica, gran parte del tráfico se desvía por un atajo que evita la sinuosa carretera original, quedando solo conductores nostálgicos, turistas despistados o algún que otro vhiculo de grandes dimensiones.

Un poco más allá de la fuente de Dorria, desaparecen las pocas sombras que quedaban ha esquivar el calor y este se deja notar con más fuerza, por suerte a 1400 m de altura el aire no es cálido y aun se puede pedalear sin agobios. A esta altura, las vistas sobre la Vall del Rigat y sobre la Serra del Montgrony son las mejores compañeras de ruta. Los 3 últimos kilómetros antes de coronar el puerto son un regalo al 1%. Vista, velocidad y un ambiente espectacular.

Una vez coronado el puerto la sombra de un árbol es el mejor refugio, una cama de césped, agua fresca y algo de picar. 25º a la sombra. Podría pasarme todo el día echado sobre el pasto, y más pensado en el calor que pude hacer unos 1000 m de desnivel más abajo donde debería regresar en breve.

En un intento de retardar al máximo el regreso, recuerdo que estoy    muy cerca del Coll de la Creueta, a poco más de 1900 m de altura. Coronarlo sería una excusa genial para seguir huyendo del calor y pedalear un poco más por las alturas. Dicho y hecho, en 8 km mal contados me planto en el Coll de la Creueta, otro puerto mítico de la zona e igual de espectacular.

Desde aquí recuerdo que se puede enlazar con Campdevanol sin tener que deshacer la ruta, cosa que se agradece ya que de esta forma la ruta toma una estética más limpia y bonita. Eso significa un descenso vertiginoso a vista de pájaro hasta Castellar de n’Hug para luego tomar un camino rural asfaltado que sigue en vertiginoso descenso hasta el Castillo de Mataplana para luego llegar Gombrèn donde ya se empieza a notar el agobio del calor… el descenso se suaviza hasta llegar de nuevo a Campdevanol, a 37º a la sombra… al menos he pasado unas horas de tegua con el calor.

En conjunto la ruta es muy recomendable, un clásico asequible, fácil y con vistas impresionantes, ideal para primavera, verano o otoño, incluso en invierno si el día acompaña.

 

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